jueves, 4 de octubre de 2007

Dorso y anverso

Aveces me recuerdo mucho de mi abuelo Pepito cuando yo tenia algo de 5 años. Recuerdo mucho los apodos cariñosos que me decía, recuerdo muy bien cuando me decía wawito, recuerdo también cuando me resguardaba de Esthersita para que no me pegara cuando hacia alguna travesura, me resguardaba bastante mal, pienso ahora, pues algún jalón de orejas siempre conseguía alcanzarme cuando Pepito bajaba la guardia.

Recuerdo que un par de años después Pepito cayó enfermo, para mí era bastante difícil comprender esto, comprender porque no podía jugar mas con él, comprender porque tenía que ir a verlo a un sitio que olía feo y donde no podía jugar ni hacer bulla, en vez de ir a verlo a su cuarto donde siempre encontraba chocolates en una caja bajo su cama y en donde me quedaba dormido luego de comérmelos casi todos, hasta que al fin el querido anciano me encontraba cuando se sacaba los zapatos para buscar las pantuflas. Unas semanas después Pepito se recuperó bastante, estuvo mejor de lo que había estado en muchas semanas, me dijeron que era cuestión de un par de semanas mas para que estuviera totalmente bien. Pasaron esas dos semanas, y Pepito murió.

Pasaron muchos meses antes de entender que no tenía que esconderme para llorar, pero lo que entendí inmediatamente y esta vez sin esfuerzo, fue una palabra nueva que escuche a los grandes decir, recaída, y que ésta, literalmente, te mata.

La definición exacta, creo, no es lo importante, sino lo que puede causar en los distintos campos en los que se aplique, como por ejemplo el psicológico. Ahora, llegando de a pocos al tema de fondo, lo hago obvio al mencionar mi estado emocional, al cual encuentro en una seria recaída de la que no sufría hace bastante tiempo. De ésta es culpable una mezcla de inconformidades muy variada, que van desde lo más personal hasta lo más impersonal, y que me hacen sentir, que paradoja, como una paloma muerta que los caminantes pisan y pisan durante una marcha por los derechos del animal.

Por mencionar un par de ejemplos, hablo de inconformidades que seguramente asalten a todo el mundo en algún momento del día, pero sucede que mi problema es que no se superarlos. Sucede que camino por la calle una mañana de invierno, y aunque llevo casaca y bivirí dentro tengo frío, y veo a un hombre tirado en medio de la vereda encima de un cartón con un short roto y una camiseta rasgada, al hombre le falta una pierna y sufre una especie de enfermedad, o varias, sus tres extremidades y su rostro están extrañamente torcidos, y sus gestos descubren a alguien que ya perdió al cordura (como culparlo...). Otra de sus características es que es invisible, nadie lo ve, todos pasan pro su lado pero nadie lo mira ni se da cuenta que esta ahí... y yo no entiendo, no creo, no quiero creer... porque nadie se preocupa por él? porque nadie lo acoge en su casa y lo cuida? porque nadie lo quiere ni lo ama ni le hace caricias en al cabeza? porque no lo hago yo? porque no puedo acercarme y obsequiarle mi casaca? porque no puedo levantarlo y llevarlo conmigo? porque no lo puedo mirar aunque lo vea? porque soy tan cobarde? porque es invisible también para mi?... Y porque todos los días un hombre mata a su esposa a hachazos y luego se tira del balcón? porque todos los días unos muchachos roban y golpean en el suelo a una mujer embarazada? Por que el mundo es una mierda??...

Como si no fueran suficientes tantas interrogantes que resolver en un día, como si ya no estuviera suficientemente agobiado con esas preguntas, se suma una más a mi ya maltratado pensamiento. El puto tema sentimental, pero porque de pronto? si existen tantas otras cosas en mi mente antes mencionadas que me taladran al cabeza... a que viene algo tan trivial? porque de pronto la sensación de soledad agobia mi cuerpo? si, la reputa recaída sentimental, esa de la que nadie quiere hablar, esa maldita sensación de creer saber y estar preparado para querer, para amar, pero que te estas perdiendo por idiota, esa maldita sensación que te hace escuchar esas estúpidas canciones que hace 5 años no hubieras escuchado jamas... pero de verdad, quien carajo nos hizo -me hizo- tanto daño? porque es que antes solo me bastaba hablar de amor como quien hablaba del precio del pan, y ahora me suena tan jodidamente cursi el saber que no se habla de, sino sobre amor, lo que convella irónica e irremediablemente a examinar estas dos preposiciones. Para hablar de amor, por ejemplo, sólo es necesario saber a quién le ha ocurrido qué. Para hablar sobre el amor, en cambio, es obligatorio analizar por qué ocurren ciertas cosas en el alma humana. Esta diferencia, aparentemente intrascendente puede llevarte a discutir problemas personales con un amigo hasta encontrarle una sensata solución. Lo malo esta en que esa misma diferencia puede llevarte días después a recaer en la misma cuestión. Y eso me pasó, eso me pasa, un asunto que creía tempranamente enterrado ha regresado para atormentarme con sus dudas y sus posibilidades.

Se que carece de razón y lógica, que no tengo fundamentos para afirmar nada, pero que hago si solo se que necesito con urgencia que ella forme parte de mi vida. La verdad es que no quiero sentir más ese flechazo cada vez que la veo... pero como consigo olvidarme de un ser de corazón enorme, gran inteligencia y alarmante belleza que ni siquiera conozco? y aun más, como puedo estar tan seguro que ella tiene las respuestas a todas esas preguntas que me atormentan constantemente cuando camino por la calle y veo a un hombre vivir en la miseria y entiendo que yo soy aun mas miserable? como puedo estar seguro que ella me dará la paz que busco y evitara que recaiga cada día como hace 15 años?... como se que no estoy saltando al vacío de las suposiciones sin saber si hay agua?... como se que yo existo en su mundo?...
A pesar de esto, se, o quisiera saber que hay alguien ahí(y desearía que fuese ella), esperando, alguien a quien ya adoro desde siempre, pero que aun no encuentro... alguien que esta igual que yo, que sufre por lo mismo que yo, y es que ambos estamos hechos mierda por motivos tan diferentes, tan extremos y extrañamente tan idénticos, que parecemos rostros calcados en el dorso y el anverso de la misma hoja, y yo de un lado de ésta sin poder verla a ella, queriendo guardar para mi y en vano, todas sus lagrimas.

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