martes, 18 de septiembre de 2007

No tendre esa suerte

El desahogo masculino es un amor a destiempo, un romance improbable que ocurre en épocas paralelas que nunca se alcanzan, una mezcla extraña y auto compasiva de impotencia y exitación. Nadie podría definir mejor que nosotros el significado de lo que es frustración, pero ahora, como puedo definir lo que arremetió contra mi vida hace tan corto tiempo? como puedo calificar este suceso si no se siquiera como sentirme ante ello, si no se bien como debe comportarse mi cuerpo ante variaciones tan bellas de la realidad, si ni siquiera puedo hacer otra cosa que escabullirme, ponerme peros para no mirarla a los ojos y que no se percate del pánico que me generó su sola presencia. Estas cosas no pueden suceder todas juntas en un segundo, o al menos eso creía, antes de redescubrir con rabia el significado de frustración tallado en mis parpados.
No se porqué y aunque lo supiera no sabría explicar la razón de mi infundamentada emoción y mucho menos la de mi previsible temor, pero si diré que cada vez que una mujer me resultó tan interesante como esta, descubría, al escarbar un poco mas, que estaba loca, lo cual debería reflejarse en un estado de alerta o prevención para la posteridad, o mejor dicho para la actualidad; y aun así, me cuesta pero admito que aun sigo soñando despierto todos los días, que aun me gusta quedar mirando al montón de personas que pasa por la calle, pensado e imaginando que alguien dentro de toda esa masa ingente tiene algo para mi, tiene lo que ando esperando tanto tiempo y que en cualquier momento nos cruzaremos y nos quedaremos mirando un pequeño instante antes de seguir con nuestras vidas. Pero el problema que me atormenta todo el tiempo es.. como podre reconocer ese instante? como podre hacer para no dejar escapar ese fugaz ofrecimiento de la receta de la felicidad? como puedo saber que eso no me esta pasando ahora?...

Saliendome del tema un poco, aprovecho para retomar un tema que ya antes mencioné, y es que los hombres -mayores o púberes, lo mismo da- tenemos una extraña virtud: sólo sabemos de que modo actuar cuando ya ha pasado la ocasión propicia o cuando esta aun no se ha presentado. En el momento preciso, justo allí, no podemos reaccionar; antes y después, lo tenemos más claro que el agua. Pero al menos lo sabemos, con tardanza o con clarividencia, pero lo sabemos; y eso es lo que nos debería importar, pero no siempre es así, y ese es un valioso agregado a lo que les quiero transmitir.
No se hasta que punto me he dejado entender, pero para atar cabos quiero recordar el momento en que la vi, ella era guapa pero tenia algo de tristeza en los ojos. Aun recuerdo el instante inicial de esa corta cadena de momentos, aun recuerdo la sensación de algo en mi pecho saliendose por la boca, aun recuerdo también la conversación que sucedió alguna vez en este mundo, y después construyo las diferentes variaciones que pudieron ser y no fueron -de las que ella es dueña sin saber- las del otro mundo, las que me completan.

Pero luego, de repente, me veo escribiendo esto directamente a ti, dirigido a ti, a quien no conozco pero de alguna manera logró cautivarme en ese instante y podría pensar en mil cosas que escribirte, pero solo una me preocupa. Y es que quizás has visto mis fotos, quizás te han dicho como soy, quizás te han contado algunas historias, pero no puedes imaginar al hombre que realmente soy. No te preocupes, nadie podría. Ademas yo no soy el de las anécdotas felices, ni tampoco soy el muchacho que aparece en las fotos que miras. Las personas se conocen de verdad en medio del aburrimiento y traban amistad, si lo hacen, con la rutina de los días. Ahora que lo pienso, quizás no tendremos -no tendré- esa suerte.

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